Movilidad Sostenible en los viajes

Movilidad sostenible en los viajes
Movilidad sostenible en los viajes

Desde hace tiempo el término de movilidad sostenible está afincándose en cada una de nuestras vidas casi sin que nos demos cuenta. Sin embargo, más allá de ver cada día más publicidad sobre la electrificación de los vehículos, poco más nos enseñan de cómo podemos reducir nuestra huella, o cómo podemos poner en práctica aquello de movilidad sostenible.

En este artículo intentaremos clarificar un término bastante complejo de analizar a simple vista, que tiene muchos flecos aún sin respuesta y que de una forma u otra, tendremos que ir transformando hasta encontrar la mejor respuesta en cada momento; y viajando, también en cada lugar.

Empieza por ti

Como en cualquier curso que doy sobre turismo sostenible, al final de la clase siempre propongo dar una vuelta al decálogo del turista responsable. Y en primer lugar, en el pódium, se encuentra por supuesto la misma respuesta: Empieza por ti mismo. No es cosa baladí, sino casi la más importante dentro del decálogo.

En el caso del turismo y la movilidad sostenible, debemos de empaparnos siempre de toda la información sobre el destino. Infraestructura de movilidad, usos de combustible, origen de la energía eléctrica, uso de recursos en el país/región, electrificación y parkings habilitados, vías cilcistas y estados, tipos de transporte público y uso, etc.

Cualquier dato que podamos ir recogiendo es de suma importancia. Una vez obtenida la información, el resto de decisiones ya dependerá de ti.

Andalucía: ciclismo en la Sierra de Aracena
Cicloturismo en la Sierra de Aracena

Vehículos sostenibles

Empezaremos por lo básico. Cuando viajamos vamos a impactar, eso lo tenemos claro. Pero desgraciadamente, aunque lo hagamos lo mejor posible, siempre va a haber un impacto negativo en cierta forma, y vamos a generar huella.

Una vez pasado este primer trago amargo, vamos hablar desde el sentido común. Si queremos movilidad sostenible en nuestros viajes, ¿Cuál es el medio de transporte más sostenible que hay? Pues claro, nuestras piernas. Una forma de desplazarnos de forma tranquila, impactando lo mínimo, económica, saludable y muy eficiente a nivel de conocimiento de un territorio. Los detalles que vemos y aprendemos de cada lugar indefectiblemente son únicos e incomparables con cualquier otra forma de viajar.

No es más cierto que para nuestra desgracia, somos animales bípedos, pero limitados. En medias y largas distancias la cosa se va complicando un poco más.

En estos casos, el primer vehículo que se debería usar sería la bicicleta. Cada una de las acepciones que definían en el párrafo anterior las ventajas de caminar, podríamos encontrarlas rodando en bicicleta. Aunque, eso sí, encontramos una gran ventaja en esta última, y es la de poder recorrer distancias más largas, pudiendo incluso realizar grandes viajes con ella. Como por ejemplo el Camino del Cid.

Si nos decidimos por recorridos largos en poco espacio de tiempo, aquí la respuesta de movilidad es clara. Debemos usar un transporte que nos desplace de forma cómoda y eficiente. En este momento es necesario abrir el eterno dilema del medio de transporte más sostenible para desplazarnos.

Movilidad sostenible y turismo
¿Qué pasará con nuestro parque automovilístico actual?

Transporte público

La primera forma de transporte más sostenible que podemos usar en nuestros desplazamientos largos, sin tener en cuenta el combustible, es el transporte público. Por ejemplo, en términos de emisiones de dióxido de carbono, un autobús siempre contamina más que un coche: aproximadamente 750 g de CO2/km, frente a una media de 130 g de CO2/km. Claro que el impacto de un autobús es menor cuando se miden las emisiones por pasajero. La ocupación habitual de un coche en ciudad o en el ámbito periurbano es de 1,3 personas, por vehículo, es decir que en su inmensa mayoría, solo llevan una persona. Si se dividen las emisiones del vehículo por la ocupación se obtiene un impacto de 105 g por pasajero. El autobús, entre tanto, lleva un promedio de siete pasajeros o más, lo que deja sus emisiones por usuario en 107 g, casi las mismas que el coche. Pero el impacto se reduce notablemente cuando el autobús va lleno en viajes de larga distancia, o durante las horas punta en entorno urbano.

Un estudio en el 2019 en el entorno de Granada, con más de 250.000 datos, concluyó que el coche contaminó tres veces más que el autobús, en ese período de 2019.

Si hablamos del tren, sin tener en cuenta la energía o el combustible usado, en líneas generales y para distancias cortas, el gran ganador es sin duda el «caballo de acero». Según AEMA (Agencia Europea de Medio Ambiente). el medio de movilidad que produce menos dióxido de carbono por pasajero y por kilómetro es el tren: apenas 14 gramos. Hablamos de unas distancias comprendidas entre 400 y 600 Km aproximadamente.

Las desventajas del transporte público las conocemos todos. No siempre se llega a todos los lugares con el mismo, y a veces la capacidad de carga de los destinos se pueden ver afectadas por este motivo.

Movilidad sostenible y viajar
El tren ¿Todos son sostenibles?

Vehículo eléctrico ¿Problema o solución?

Según vas leyendo al respecto, investigando e informándote, la respuesta es tan compleja como inconclusa. Lo primero que se tiene en cuenta del vehículo eléctrico es su claro ejemplo de sostenibilidad en cuanto a la eliminación del uso de combustibles fósiles. Bueno, de forma directa quiero decir. Vi una vez en un vídeo una estación de carga eléctrica conectada a un generador de gasoil, en una estación de servicio. No es broma.

Si contamos con toda la cadena de montaje, a día de hoy fabricar un vehículo eléctrico genera unas 9T de CO2, frente a las 6T de un vehículo de combustión, debido básicamente a la fabricación de las baterías. Pero si seguimos analizando todo su ciclo de vida, veremos que todo cambia. Un vehículo de combustión durante su vida útil genera unas 36T de CO2, frente a las menos de 12T de un vehículo eléctrico. y dependiendo de la vida útil de este vehículo, la emisión por kilómetro irá bajando.

En total estaríamos hablando de 20T de emisión de un vehículo eléctrico en toda su vida (de media), frente a las 42T (de media) de un vehículo de combustión. CUIDADO!!! Todo esto depende del mix energético que se use en cada país. La cantidad de toneladas de un vehículo eléctrico podría subir hasta 40T si la energía solo se genera a través de combustibles fósiles contaminantes; o a menos de 10T si solo se usan energías renovables.

Pero por ahora, la limitación de distancia de estos vehículos, la falta de infraestructura de electrificación y el precio, hace que este sector esté todavía bajo la atenta mirada de todos.

Alternativas al vehículo eléctrico

Imaginaos el enorme impacto que podríamos generar deshaciéndonos hoy en día de todos los vehículos que están en circulación, y que son de combustión. En el aire quedan muchas actuaciones alternativas: como el poder electrificar los vehículos que usamos hoy en día de forma eficiente y duradera.

Mención aparte para el hidrógeno. Sería el candidato perfecto como combustible. El hidrógeno es el elemento químico más simple, el primero de la tabla periódica con número atómico 1. Es ligero, se puede almacenar y no genera emisiones contaminantes por sí mismo. El «problema» del hidrógeno es que no es una fuente de energía en sí, requiere de un proceso químico para su producción. La mejor forma de extracción del hidrógeno sería a través de la electrólisis. El hidrógeno solo es renovable si el proceso utilizado en su extracción también lo es. En este caso, el hidrógeno verde sería el más limpio: proceso de electrólisis impulsada con energías renovables -utilizar una corriente eléctrica para descomponer mediante electrodos la molécula del agua en oxígeno e hidrógeno-.

Para terminar no quería dejar de mencionar el biogás: energía que se genera de nuestros residuos y que podría ser una alternativa intermedia interesante. Además de de ser una energía limpia proveniente de residuos, genera igualmente fertilizantes para las plantas. Y, aunque sus niveles de contaminación son bajos, sí que es verdad es que emite CO2 a la atmósfera, y el almacenamiento del mismo es bastante caro y complejo

Si vamos a viajar y queremos alquilar un vehículo privado, tendremos que informarnos previamente del uso, producción y procesos energéticos de cada país para elegir (si es que queremos) con conciencia sostenible. Si queremos viajar con un propósito y podemos hacerlo, siempre mejor en transporte público.

Los que más contaminan

Aquí la cosa parece más clara. Tanto el avión como el barco son los vehículos que más emisiones emiten en general. El avión emite de media unos 285 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro. Los trayectos cortos son los más contaminantes por goleada, ya que el máximo de emisiones se producen en los despegues y aterrizajes.

Mención aparte serían los cruceros. En líneas generales un crucero emite hasta 1.000 veces más de gases de efecto invernadero que un viaje de la misma distancia en tren. Además de generar más de 200.000 litros de aguas residuales a la semana (crucero de 3.000 personas).

Movilidad sostenible
El crucero supera con creces la emisión de gases de efecto invernadero

Termina por ti

En este artículo de movilidad sostenible en los viajes hemos visto como hemos empezado por nosotros mismos. Asimismo terminaremos igual, por nosotros mismos. Informarnos y formarnos es fundamental a la hora de abordar un destino y poder decidir las mejores opciones para disfrutar del mismo sin necesidad de dejar una huella perdurable y negativa. Que la única huella que dejemos sea el impacto positivo en el territorio y en los habitantes del lugar.

La movilidad sostenible en los viajes depende de muchos factores. Pero nosotros podemos realizar el viaje más sostenible tomando las decisiones más eficientes de principio a fin.

Autor

Antonio Zamora
Educador e intérprete ambiental, monitor-guía de mountain bike y guía del Parque Nacional Sierra de Guadarrama.
Mi pasión es la naturaleza y en mis rutas de interpretación mi mayor ilusión es transmitir esa pasión a los demás.

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